Decálogo para evitar el bloqueo creativo Por [tengo que pensar un seudónimo]
1. Establecer una rutina de escritura. [¿Voy a empezar con algo tan remanido? Sí que me dio fuerte.]
2. Salir a caminar, qué sé yo. [Está lloviendo, voy a tener que probar otra cosa.]
3. Hacer ejercicio físico, por ejemplo [algunos ejemplos aquí] [¿No vendría a ser lo mismo que lo anterior? ¿Y para qué sirve? Voy a necesitar una buena excusa.]
4. Mantener el ambiente de trabajo en condiciones [¿En qué condiciones? ¿Dónde habrá quedado el artículo que leí sobre esto? Voy a tener que ordenar este sucucho algun día, que nunca encuentro nada.]
5. Leer diarios y revistas, escuchar radio, mirar televisión y [y si sigo perdiendo el tiempo con esas cosas no voy a terminar nunca el decálogo.]
6, 7, 8. [A ver, un solo consejo que pueda desglosar en tres para hacer bulto...]
9. [¡Trescientas líneas al Tetris! ¡Batí mi record! Líneas, eso puede servir...] Escribir [¿cuántas?] líneas diarias.
10. [¿Hace falta que sean diez? Me parece que me voy a hacer el original con un decálogo de nueve puntos.]
[Ma sí, yo lo dejo acá y mañana lo termino...)
Thursday, May 11, 2006
Wednesday, November 09, 2005
No somos grandes artistas....
Creo no equivocarme al decir que no somos pocos los que alguna vez imaginamos nuestras vidas como parte de una película u otro espectáculo análogo, presenciado por espectadores misteriosos y lejanos, para los cuales somos simplemente personajes de ficción, hechos para su mero entretenimiento. La idea no tiene nada de original, creo haberla visto recogida directa o indirectamente en varias películas ( “The Truman Show”, “The Last Action Hero”), en alguna que otra serie de T.V, y en alguna novela (¿”Mala Onda”, quizás? ), pero en ese caso, ¿qué especie de personaje soy?, ¿En cual genero se encasilla la película que protagonizo o de la cual soy parte?.
Un montón de eventos desafortunados, algunos episodios humillantes, unidos a una visión pesimista de la vida y un carácter antisocial, me llevo hace algún tiempo a concluir que mi vida era parte de una película dramática, en la cual interpretaba un personaje insoportable, deprimente y autodestructivo, pero quizá también era una historia abierta además, a un final o giro mas o menos optimista y liberador. También considere como opción algo tipo cine negro, con un protagonista desencantado y sarcástico (esta versión confieso me gustaba mas), incluso por ello llegue a desarrollar un incipiente discurso detectivesco, propio del genero.
Esa opinión cambiaría radicalmente, una aciago día de invierno, hace ya algunos años, en que mi padre me llevo a esquiar a Chapa Verde. Era la cuarta vez que esquiaba en mi vida, eso me hizo pensar que tendría menos dificultades que en las anteriores, eso creí hasta que complete 4 porrazos dignos de aplausos antes de bajar a los andariveles. Una vez que tome el ancla que me llevaría canchas arriba, solo logre aguantar en pie algunos minutos, volví a caer, pero esta vez uno de mis esquís quedo enganchado a la maldita ancla, la que me arrastro por eternos metros cordillera arriba con la mitad del cuerpo enterrado en la nieve. Con dificultad trate de desenganchar el esquí, pero en cambio solo logre sacar la bota de mi pie, lo que me obligo a perseguir en calcetines al andarivel, que sin ninguna consideración seguía subiendo con mi esquí, aun enganchado, finalmente tuve que bajar varios metros con el equipo en la mano a buscar uno de los bastones que había perdido al caer.
Ya recuperado el bastón, lanzadas mil y una puteadas, decidí bajar esquiando, para lo cual tenia que ponerme los esquís en una ladera inclinada de la cancha, en el intento caí estrepitosamente otra vez, pero lo mejor vendría con la segunda caída (o séptima si cuentan las anteriores), uno de mis esquís bajo impecablemente (sin mi, obvio), hasta donde había comenzado mi pequeña travesía, lo mire impasiblemente como hacia el largo recorrido, ya había agotado toda furia y mi repertorio de garabatos, solo pude concluir: “estoy atrapado en una película de Jerry Lewis”.
Tal revelación se me hizo un poco chocante, de ser cierta, ahora resultaba que todos los motivos de mis miserias, no eran mas que una sucesión de gags para mi imaginaria audiencia, pero si lo pensaba bien, dentro de una comedia, o cualquier otro genero, lo que determina el carácter cómico de una situación, no es la apreciación de que de esta haga el personaje, al cual le acontece, por ejemplo, al Vagabundo de Chaplin, no debió parecerle divertido verse obligado a comer su propio zapato para no morir de hambre, tampoco creo que le parezca gracioso a Don Ramón ser humillado todos los días por un cabro chico estúpido y la vieja histérica de su madre, el mismo Al Bundy se queja constantemente de su patética vida, o sea, en conclusión, el fin ultimo de la comedia de situaciones es hacer reír a quienes la presencian, para ellos debe ser gracioso, no para nosotros los personajes, que somos meros instrumentos para ese fin.
Con el tiempo creo haber precisado más esta teoría, mas que un cómico de cine, en realidad es mas probable que pertenezca a un subgénero televiso poco apreciado artísticamente, pero muy rentable del punto de vista económico, los SITCOM, nombre técnico con que se conoce a esas apestosas series de comedias gringas con capítulos auto conclusivos y risas envasadas, que infestan la programación del cable y rellenan algunos espacios de la televisión abierta nacional, (The Nanny, Quien manda a quien, Seinfield, etc...) por varias razones creo que mi caso comparte varias características de este producto televisivo, como el “elenco de personajes”, (personas que aparecen o han aperecido durante mi vida) cada uno mas caricaturesco y raro que el siguiente, en roles de soporte, mas o menos importantes, de los cuales, estoy seguro, mas de alguno de ellos se ha robado la popularidad de mi programa, tenemos por otro lado la historia, que presenta los vicios propios de los equipos de guionistas responsables de escribirla, estos guionistas podrán tener sus buenos momentos, pero, producto del desgaste propio de lo prolongación forzada de este tipo de series, se ven obligados a recurrir principalmente a dos recursos para la preservación del programa, ambos eso si, de resultados pocos satisfactorios, el primero consiste en repetir hasta el cansancio formulas que alguna vez fueron exitosas, es el llamado auto plagio ( sensación de deja vu, como yo cursi e ingenuamente lo solía llamar), el segundo consiste en romper radicalmente con el status quo del o los protagonistas, ya sea insertándolos abruptamente en un nuevo ambiente, de preferencia en alguno en que se sientan especialmente descolocados, o estén fuera de lugar, o ya sea sumando de golpe inesperadas circunstancias y factores externos a la historia, sobre todo si el sujeto en cuestión empezaba a sentir algún grado de comodidad respecto al estado de las cosas, como entenderán esto ultimo debe ser evitado por cualquier guionista si pretende mantener una audiencia cautiva (Por ello es que siempre estoy intranquilo cuando las cosas van demasiado bien).
Y por ultimo, el protagonista, o sea yo, que después de años en el mundo del espectáculo, al igual que mucho de mis colegas, nos hemos visto estigmatizados a ojos de la audiencia, que se resiste a vernos en otros papeles, que no sean similares a los que hemos realizado toda nuestra carrera, ardorosamente he tratado de demostrar que soy alguien versátil, que no solo puedo hacer reír, que también los puedo emocionar, pero sonados fracasos han sido mis incursiones en otros géneros, tales como el drama, la comedia romántica, el cine épico y muchos otros, al final mi extraordinaria capacidad de transformar en verdaderos líos a las situaciones más simples, mi falta de asertividad en momentos importantes, la poca sensibilidad con los pesares ajenos, siempre confabulan contra mis objetivos.
Asi es, soy un personaje cómico, me guste o no, el haber creído por un instante ser el héroe trágico de una gran historia solo me hacia mas divertido, pero cada día acepto con mayor orgullo ser el humilde heredero de grandes como Keaton, Chaplin, Los Marx, Laurel y Hardy, Cantinflas, Peter Sellers, Chespirito, Daniel Vilches, solo por nombrar algunos, que han perpetuado el oficio mas difícil del mundo, hacer reír, esas risas que ahora son mi sueldo, aunque sean solo risas grabadas.
No somos grandes artistas tampoco queremos ser menos, un aplauso le pedimos a este payaso chileno.
NO SOMOS GRANDES ARTISTAS...
Creo no equivocarme al decir que no somos pocos los que alguna vez imaginamos nuestras vidas como parte de una película u otro espectáculo análogo, presenciado por espectadores misteriosos y lejanos, para los cuales somos simplemente personajes de ficción, hechos para su mero entretenimiento. La idea no tiene nada de original, creo haberla visto recogida directa o indirectamente en varias películas ( “The Truman Show”, “The Last Action Hero”), en alguna que otra serie de T.V, y en alguna novela (¿”Mala Onda”, quizás? ), pero en ese caso, ¿qué especie de personaje soy?, ¿En cual genero se encasilla la película que protagonizo o de la cual soy parte?.
Un montón de eventos desafortunados, algunos episodios humillantes, unidos a una visión pesimista de la vida y un carácter antisocial, me llevo hace algún tiempo a concluir que mi vida era parte de una película dramática, en la cual interpretaba un personaje insoportable, deprimente y autodestructivo, pero quizá también era una historia abierta además, a un final o giro mas o menos optimista y liberador. También considere como opción algo tipo cine negro, con un protagonista desencantado y sarcástico (esta versión confieso me gustaba mas), incluso por ello llegue a desarrollar un incipiente discurso detectivesco, propio del genero.
Esa opinión cambiaría radicalmente, una aciago día de invierno, hace ya algunos años, en que mi padre me llevo a esquiar a Chapa Verde. Era la cuarta vez que esquiaba en mi vida, eso me hizo pensar que tendría menos dificultades que en las anteriores, eso creí hasta que complete 4 porrazos dignos de aplausos antes de bajar a los andariveles. Una vez que tome el ancla que me llevaría canchas arriba, solo logre aguantar en pie algunos minutos, volví a caer, pero esta vez uno de mis esquís quedo enganchado a la maldita ancla, la que me arrastro por eternos metros cordillera arriba con la mitad del cuerpo enterrado en la nieve. Con dificultad trate de desenganchar el esquí, pero en cambio solo logre sacar la bota de mi pie, lo que me obligo a perseguir en calcetines al andarivel, que sin ninguna consideración seguía subiendo con mi esquí, aun enganchado, finalmente tuve que bajar varios metros con el equipo en la mano a buscar uno de los bastones que había perdido al caer.
Ya recuperado el bastón, lanzadas mil y una puteadas, decidí bajar esquiando, para lo cual tenia que ponerme los esquís en una ladera inclinada de la cancha, en el intento caí estrepitosamente otra vez, pero lo mejor vendría con la segunda caída (o séptima si cuentan las anteriores), uno de mis esquís bajo impecablemente (sin mi, obvio), hasta donde había comenzado mi pequeña travesía, lo mire impasiblemente como hacia el largo recorrido, ya había agotado toda furia y mi repertorio de garabatos, solo pude concluir: “estoy atrapado en una película de Jerry Lewis”.
Tal revelación se me hizo un poco chocante, de ser cierta, ahora resultaba que todos los motivos de mis miserias, no eran mas que una sucesión de gags para mi imaginaria audiencia, pero si lo pensaba bien, dentro de una comedia, o cualquier otro genero, lo que determina el carácter cómico de una situación, no es la apreciación de que de esta haga el personaje, al cual le acontece, por ejemplo, al Vagabundo de Chaplin, no debió parecerle divertido verse obligado a comer su propio zapato para no morir de hambre, tampoco creo que le parezca gracioso a Don Ramón ser humillado todos los días por un cabro chico estúpido y la vieja histérica de su madre, el mismo Al Bundy se queja constantemente de su patética vida, o sea, en conclusión, el fin ultimo de la comedia de situaciones es hacer reír a quienes la presencian, para ellos debe ser gracioso, no para nosotros los personajes, que somos meros instrumentos para ese fin.
Con el tiempo creo haber precisado más esta teoría, mas que un cómico de cine, en realidad es mas probable que pertenezca a un subgénero televiso poco apreciado artísticamente, pero muy rentable del punto de vista económico, los SITCOM, nombre técnico con que se conoce a esas apestosas series de comedias gringas con capítulos auto conclusivos y risas envasadas, que infestan la programación del cable y rellenan algunos espacios de la televisión abierta nacional, (The Nanny, Quien manda a quien, Seinfield, etc...) por varias razones creo que mi caso comparte varias características de este producto televisivo, como el “elenco de personajes”, (personas que aparecen o han aperecido durante mi vida) cada uno mas caricaturesco y raro que el siguiente, en roles de soporte, mas o menos importantes, de los cuales, estoy seguro, mas de alguno de ellos se ha robado la popularidad de mi programa, tenemos por otro lado la historia, que presenta los vicios propios de los equipos de guionistas responsables de escribirla, estos guionistas podrán tener sus buenos momentos, pero, producto del desgaste propio de lo prolongación forzada de este tipo de series, se ven obligados a recurrir principalmente a dos recursos para la preservación del programa, ambos eso si, de resultados pocos satisfactorios, el primero consiste en repetir hasta el cansancio formulas que alguna vez fueron exitosas, es el llamado auto plagio ( sensación de deja vu, como yo cursi e ingenuamente lo solía llamar), el segundo consiste en romper radicalmente con el status quo del o los protagonistas, ya sea insertándolos abruptamente en un nuevo ambiente, de preferencia en alguno en que se sientan especialmente descolocados, o estén fuera de lugar, o ya sea sumando de golpe inesperadas circunstancias y factores externos a la historia, sobre todo si el sujeto en cuestión empezaba a sentir algún grado de comodidad respecto al estado de las cosas, como entenderán esto ultimo debe ser evitado por cualquier guionista si pretende mantener una audiencia cautiva (Por ello es que siempre estoy intranquilo cuando las cosas van demasiado bien).
Y por ultimo, el protagonista, o sea yo, que después de años en el mundo del espectáculo, al igual que mucho de mis colegas, nos hemos visto estigmatizados a ojos de la audiencia, que se resiste a vernos en otros papeles, que no sean similares a los que hemos realizado toda nuestra carrera, ardorosamente he tratado de demostrar que soy alguien versátil, que no solo puedo hacer reír, que también los puedo emocionar, pero sonados fracasos han sido mis incursiones en otros géneros, tales como el drama, la comedia romántica, el cine épico y muchos otros, al final mi extraordinaria capacidad de transformar en verdaderos líos a las situaciones más simples, mi falta de asertividad en momentos importantes, la poca sensibilidad con los pesares ajenos, siempre confabulan contra mis objetivos.
Asi es, soy un personaje cómico, me guste o no, el haber creído por un instante ser el héroe trágico de una gran historia solo me hacia mas divertido, pero cada día acepto con mayor orgullo ser el humilde heredero de grandes como Keaton, Chaplin, Los Marx, Laurel y Hardy, Cantinflas, Peter Sellers, Chespirito, Daniel Vilches, solo por nombrar algunos, que han perpetuado el oficio mas difícil del mundo, hacer reír, esas risas que ahora son mi sueldo, aunque sean solo risas grabadas.
No somos grandes artistas tampoco queremos ser menos, un aplauso le pedimos a este payaso chileno.
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